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“La crisis no da espera”: Santiago Pardo advierte que el próximo gobierno recibirá un país al límite

Colombia se encamina hacia un cambio de gobierno en medio de una de las coyunturas fiscales y sociales más complejas de las últimas décadas. Así lo plantea el tributarista Santiago Pardo, quien asegura que el próximo presidente asumirá el poder con un margen de maniobra mínimo y con urgencias que deberán resolverse desde el primer día, especialmente en los frentes de salud y seguridad.

Para Pardo, el debate público ha estado mal enfocado. Aunque el déficit fiscal ocupa el centro de la discusión, advierte que la verdadera emergencia es social. “El 8 de agosto, el nuevo gobierno tendrá que responder por la salud y la seguridad antes incluso de sentarse a cuadrar las cuentas”, sostiene.

Un sistema tributario que ahoga el crecimiento

El experto considera que Colombia ha construido un esquema tributario que castiga la formalidad, desalienta la inversión y empuja a empresas y personas a buscar mejores condiciones fuera del país. A pesar de tener una de las cargas fiscales más altas del mundo, el recaudo sigue siendo insuficiente.

En su concepto, la solución no pasa por nuevas alzas impositivas, sino por una reforma tributaria orientada al crecimiento económico. “Bajar impuestos no es un acto irresponsable, es una estrategia para ampliar la base productiva y aumentar el recaudo de forma sostenible”, afirma.

Pardo recuerda que cada punto adicional de crecimiento del PIB representa cerca de cinco billones de pesos en ingresos fiscales. Sin embargo, subraya que ese crecimiento es imposible mientras hacer empresa en Colombia sea más costoso y complejo que en países competidores.

Salud y seguridad: el verdadero déficit

El tributarista insiste en que el mayor riesgo del país no es contable, sino humano. El sistema de salud enfrenta un déficit acumulado que, según sus estimaciones, exige al menos 30 billones de pesos en 2026 para evitar un colapso total. A esto se suma un rezago crítico en seguridad, que requeriría entre 10 y 15 billones adicionales.

“Hablar de equilibrio fiscal mientras los hospitales no pueden pagar salarios o entregar medicamentos es desconocer la realidad”, señala. Para Pardo, estos recursos deben priorizarse incluso si ello implica aceptar un mayor déficit en el corto plazo.

Más déficit hoy para evitar un colapso mañana

Aunque reconoce que aumentar el déficit puede generar presiones inflacionarias, Pardo argumenta que el costo de no hacerlo sería mucho mayor. La clave, insiste, está en corregir fallas estructurales históricas, especialmente la evasión y el contrabando.

Según sus cálculos, cerca de 120 billones de pesos se pierden cada año por estas prácticas. “Si el Estado fuera eficaz en recaudar lo que ya está obligado a recaudar, el déficit dejaría de ser un problema”, asegura.

A su juicio, resulta inexplicable que este tema no sea la prioridad absoluta de los ministros de Hacienda ni de los candidatos presidenciales. “Antes de subirle los impuestos al ciudadano cumplido, hay que cobrárselos a quienes nunca los pagan”, enfatiza.

La emergencia económica bajo la lupa

Pardo es particularmente crítico con la figura de la emergencia económica y sus medidas tributarias. Considera que impuestos como el gravamen al patrimonio, con tasas elevadas, tienen un efecto confiscatorio y generan un incentivo directo para la salida de capitales y personas del país.

También cuestiona el tratamiento fiscal al sector financiero y el aumento de impuestos a bienes de consumo masivo, decisiones que —según advierte— pueden terminar reduciendo el recaudo y afectando a las regiones.

Para el experto, el mensaje que se envía es contradictorio: mientras se habla de austeridad y crisis fiscal, se toman decisiones de gasto que refuerzan la percepción de incoherencia en la política económica.

Un debate electoral sin respuestas de fondo

En el escenario electoral, Pardo lamenta la ausencia de propuestas claras sobre crecimiento económico, competitividad y sostenibilidad fiscal. A su juicio, muchos discursos se quedan en promesas abstractas o en la creación de comisiones, cuando el país requiere decisiones inmediatas.

“La salud no puede esperar diagnósticos eternos. Los recursos deben estar listos desde agosto”, advierte. En ese sentido, considera que el próximo gobierno deberá tomar medidas impopulares pero necesarias, con una visión de largo plazo que trascienda un solo periodo presidencial.

Una advertencia final

Santiago Pardo concluye que Colombia aún tiene margen para corregir el rumbo, pero el tiempo es limitado. Sin un cambio profundo en la política tributaria, sin control real de la evasión y sin una apuesta decidida por el crecimiento económico, el país seguirá perdiendo talento, empresas y estabilidad.

“El déficit fiscal se soluciona con crecimiento, empleo y confianza. Todo lo demás es patear la crisis hacia adelante”, sentencia.