Colombia en 2025: un año marcado por la crisis, la violencia y un país que entra en cuenta regresiva electoral
El 2025 quedará registrado como uno de los años más complejos para Colombia en las últimas décadas. La convergencia de una seguridad deteriorada, escándalos de corrupción de alto nivel, tensiones diplomáticas inéditas y una polarización social cada vez más profunda configuraron un escenario de alta fragilidad institucional. Con las elecciones presidenciales de 2026 a la vuelta de la esquina, el país cerró el año inmerso en la incertidumbre y el desgaste político.
El Gobierno del presidente Gustavo Petro enfrentó su momento más crítico desde el inicio del mandato. Las promesas de cambio estructural y de pacificación nacional chocaron con una realidad marcada por el fortalecimiento de los grupos armados, el bloqueo legislativo y un creciente distanciamiento con aliados históricos.
Un choque diplomático que sacudió la política exterior
Uno de los episodios más delicados del año fue la crisis con Estados Unidos. La llegada de Donald Trump a un segundo mandato endureció la relación bilateral, especialmente tras la negativa del presidente Petro a permitir el ingreso de vuelos con migrantes deportados en condiciones que calificó como inhumanas.
La respuesta de Washington fue contundente: amenazas de sanciones comerciales, restricciones diplomáticas y una retórica cada vez más hostil hacia el Gobierno colombiano. La descertificación de Colombia en la lucha antidrogas, anunciada meses después, confirmó el deterioro de una relación clave para la economía y la seguridad nacional. El golpe final llegó con la inclusión del presidente y de varios miembros de su entorno familiar y político en la lista Clinton, un hecho sin precedentes que tensó aún más el panorama internacional.
Corrupción y poder: el escándalo que sacudió al Ejecutivo
El caso de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres se convirtió en el mayor escándalo de corrupción del año. Las confesiones de exdirectivos revelaron una red de sobornos, manipulación de contratos y presuntas negociaciones políticas para asegurar apoyos en el Congreso.
Las investigaciones derivaron en capturas, condenas y procesos judiciales contra excongresistas, exministros y altos funcionarios. El caso puso en entredicho el discurso anticorrupción del Gobierno y abrió un nuevo frente de desgaste político que se extendió hasta el cierre del año.
Violencia persistente y un conflicto que muta
Lejos de disminuir, el conflicto armado mostró una peligrosa reconfiguración. El ELN amplió su presencia territorial, el Clan del Golfo fortaleció su estructura criminal y las disidencias de las Farc protagonizaron disputas internas que dejaron a la población civil en medio del fuego cruzado.
Regiones como el Catatumbo, el Cauca, el Chocó y el Bajo Cauca vivieron desplazamientos masivos, confinamientos y paros armados. Las cifras reflejaron la gravedad del momento: aumento del secuestro, decenas de masacres y más de cien mil personas obligadas a abandonar sus hogares. La política de paz total, eje central del Ejecutivo, quedó seriamente cuestionada ante la falta de resultados tangibles.
El asesinato que estremeció a la democracia
El atentado y posterior muerte del precandidato presidencial Miguel Uribe Turbay marcó uno de los momentos más traumáticos del año. El crimen generó una ola de rechazo nacional y reavivó el temor por la seguridad de los líderes políticos en plena antesala electoral.
La investigación permitió identificar a los responsables materiales y desmantelar parte de la red criminal involucrada, aunque el país quedó a la espera de conocer a los autores intelectuales. El magnicidio dejó una huella profunda en el clima político y social.
Uribe, la justicia y un fallo que dividió al país
El proceso judicial contra el expresidente Álvaro Uribe Vélez mantuvo en vilo a la opinión pública durante meses. Tras una condena inicial que sacudió el escenario político, el Tribunal Superior de Bogotá revocó la decisión y absolvió al exmandatario.
El fallo no solo avivó la polarización, sino que reposicionó a Uribe como figura central del debate político, ahora de cara a su candidatura al Senado en 2026.
Un gabinete inestable y un Gobierno bajo escrutinio
El 2025 también estuvo marcado por constantes movimientos en el gabinete presidencial y la reaparición de figuras controvertidas dentro del Ejecutivo. Las tensiones internas quedaron expuestas con la transmisión de los consejos de ministros, una práctica que terminó siendo frenada por decisión judicial.
Estos episodios reforzaron la percepción de un Gobierno fragmentado y con dificultades para consolidar una agenda coherente.
Las calles como escenario permanente de confrontación
La polarización se expresó con fuerza en las calles. Marchas multitudinarias, tanto de oposición como de respaldo al Gobierno, paralizaron varias ciudades y evidenciaron el profundo desacuerdo sobre el rumbo del país.
Las redes sociales amplificaron el clima de confrontación, convirtiéndose en un campo de batalla permanente entre sectores políticos, líderes de opinión y ciudadanía.
El proceso judicial contra Nicolás Petro
El avance del juicio contra Nicolás Petro mantuvo la atención pública durante todo el año. Acusado de lavado de activos y enriquecimiento ilícito, el hijo del presidente enfrentó audiencias clave y decisiones judiciales que impactaron directamente la imagen del Gobierno. El desenlace quedó previsto para 2026.
Reformas bloqueadas y choque institucional
Las principales reformas impulsadas por el Ejecutivo enfrentaron fuertes obstáculos. La pensional quedó en manos de la Corte Constitucional, la reforma a la salud volvió a fracasar en el Congreso y la tributaria fue archivada, obligando al Gobierno a declarar una emergencia económica para enfrentar el déficit fiscal.
Un cierre de año con sabor electoral
El 2025 terminó con un escenario político saturado de precandidaturas, alianzas en construcción y una campaña que, en la práctica, ya comenzó. El país entra a 2026 con una democracia tensionada, una ciudadanía dividida y la expectativa de unas elecciones que definirán el rumbo político en medio de un contexto marcado por la desconfianza y el cansancio social.


