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Un rompecabezas electoral sin resolver: la primera vuelta presidencial se perfila como la más fragmentada en décadas

El camino hacia la primera vuelta presidencial del próximo 31 de mayo avanza sin la claridad que tradicionalmente dejaban las consultas interpartidistas. Lejos de convertirse en un mecanismo efectivo de depuración, estos procesos dejaron al descubierto una realidad incómoda para el sistema político: la incapacidad de amplios sectores para articular liderazgos sólidos y construir proyectos unitarios. El resultado es un tablero electoral marcado por la dispersión, en el que hasta 15 candidatos podrían aparecer en el tarjetón, un hecho sin precedentes en la historia electoral reciente del país.

La comparación con elecciones anteriores evidencia la magnitud del fenómeno. En 2022 y 2018, el número de aspirantes fue de ocho; en 2014, apenas cinco; y en 2010, nueve. La proyección actual no solo rompe récords, sino que confirma un escenario de atomización política que podría tener efectos determinantes en la gobernabilidad futura, independientemente de quién resulte elegido.

La centroderecha logró cerrar filas de manera parcial a través de la Gran Consulta, que concentró a los principales competidores de ese sector y redujo la dispersión interna. En contraste, el centro político y la izquierda llegan a la recta final del proceso de inscripción con profundas fracturas, múltiples liderazgos compitiendo entre sí y una marcada desconfianza hacia los mecanismos de consulta como vía para legitimar candidaturas.

Entre los aspirantes con mayor visibilidad se encuentra Abelardo de la Espriella, una figura que ha generado adhesiones firmes y rechazos contundentes. Ante las críticas que lo señalan como una apuesta riesgosa para la estabilidad institucional, el candidato ha defendido su proyecto como un intento de “cohesionar al país” y ofrecer una alternativa de orden frente a la incertidumbre política y económica.

En la izquierda, Iván Cepeda tomó la decisión de competir directamente en la primera vuelta tras quedar por fuera de la consulta del Frente por la Vida, luego de un fallo del Consejo Nacional Electoral. Su candidatura, respaldada por el Pacto Histórico, marca un giro estratégico que busca capitalizar su reconocimiento político sin someterse a un proceso interno que consideró limitado.

El centro político, por su parte, sigue mostrando su histórica dificultad para consolidarse como una fuerza unificada. Sergio Fajardo, exgobernador de Antioquia, optó por mantenerse al margen de la Consulta de las Soluciones, pese a los esfuerzos de Claudia López por lograr una competencia interna que fortaleciera ese sector. Fajardo justificó su decisión señalando que el país necesita una mayoría transversal que convoque a sectores moderados de izquierda y derecha, un objetivo que, según él, no se alcanza en el marco de las consultas actuales.

Una decisión similar tomó el exalcalde de Cali, Maurice Armitage, quien, ante la falta de acuerdos políticos y la presión del calendario electoral, avanzó hacia la primera vuelta con el aval del Partido Ecologista, apostando por una candidatura independiente de las disputas internas del centro.

A este complejo tablero se suman figuras provenientes del actual Gobierno. El exministro Mauricio Lizcano confirmó su aspiración con el aval del partido ASI y el respaldo de cerca de 1,8 millones de firmas certificadas. Juan Fernando Cristo, tras un breve paso por los intentos de consulta en la izquierda, decidió retirarse y continuar con el aval de su partido, En Marcha. En tanto, el excanciller Luis Gilberto Murillo ratificó su candidatura luego de superar el millón de firmas, insistiendo en que su compromiso es con la ciudadanía que respaldó su proyecto desde las regiones.

La senadora Clara López también se apartó de los procesos de consulta, con el objetivo de posicionarse como una opción para sectores progresistas inconformes con las alianzas existentes. Su candidatura cuenta con el aval de Esperanza Democrática, colectividad que recuperó su personería jurídica en medio de recientes decisiones del CNE.

La lista de aspirantes continúa creciendo con nombres como el exministro del Interior Daniel Palacios, quien decidió seguir en campaña tras no ser incluido en la Gran Consulta; el empresario Santiago Botero y la abogada Sondra Macollins, ambos con firmas certificadas por la Registraduría; y el excontralor Carlos Felipe Córdoba, cuya eventual candidatura sigue generando expectativa en distintos sectores políticos.

A este grupo se sumarían los candidatos que resulten vencedores de las consultas del 8 de marzo, lo que refuerza la posibilidad de una primera vuelta marcada por la dispersión del voto. Para diversos analistas, esta fragmentación responde a incentivos políticos claros: mantener visibilidad mediática, fortalecer posiciones de negociación de cara a una eventual segunda vuelta y consolidar liderazgos regionales o sectoriales, incluso sin una opción real de llegar al poder.

Sin embargo, el riesgo es alto. Una primera vuelta excesivamente fragmentada podría debilitar la legitimidad del próximo presidente y dificultar la construcción de mayorías estables en el Congreso. Además, la falta de acuerdos tempranos en el centro y la izquierda podría traducirse en una pérdida de capacidad real para disputar el poder, pese a contar con un respaldo social significativo.

El calendario electoral aún permite ajustes. El periodo de inscripción de candidaturas se extiende hasta el 13 de marzo y, entre el 14 y el 20, se abrirá la posibilidad de modificar las postulaciones. No obstante, el mensaje que deja el proceso hasta ahora es claro: el sistema político enfrenta una crisis de articulación que amenaza con convertir la elección presidencial en un ejercicio de fragmentación extrema, más centrado en liderazgos individuales que en proyectos colectivos de país.